Despedida

enero 12, 2010

Cuesta creerlo, cuesta aceptarlo, pero aquí se separan nuestros caminos. Han sido tantos meses juntos, me has ayudado en tantos momentos complicados… Hemos disfrutado tanto, hemos reído y hemos creado. Y creímos que sería para siempre. Pero tampoco.

¿Sabes? Me quedará durante mucho tiempo la inercia de conectarme, de pensar cosas para escribirte. Esos momentos serán los más dolorosos. Mi condena inicial será tener mil ocurrencias que quedarían preciosas.

¿Sabes? Sé por qué falló. Fue por cobardía. Tuve una idea, pero no tuve coraje para llevarla a cabo. Y la cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes… Temí que no me comprendieran. Ahora sé que me importa un rábano, pero es tarde. Te vacié de las promesas que tenías cuando te conocí. Es mi culpa… y ésa será mi condena permanente.

¿Sabes? Volverá la ilusión, algún día. Ahora mismo la pena ahoga todos los demás sentimientos. Luego serán la rutina y la desidia, durante una temporada. Pero sé que la idea sigue ahí, en algún baúl del trastero de mi inconsciente. Un día la encontraré, buscando cualquier otra cosa. Y entonces será cuando lo logre. Pero no será contigo, y ese dolor me acompañará para siempre.

Sé que no tengo derecho a pedirte nada, pero aun así lo haré. Y te pediré lo más duro: tu bendición. Quédate, te lo ruego, en mi vida como una sombra dulce.

Ya se agotan las palabras. Hasta siempre.

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