Misha

junio 26, 2008

by GongJian
Versión ligeramente modificada de un cuento escrito por Yvi en enero de 1998…

MISHA

El segundo piso a la izquierda tiene un timbre que hace sonar unos acordes familiares. Al abrir, aparece un inmenso mural naif con figuras muy chiquititas buscando su lugar en el mundo. La habitación es pequeña, con estantes rebosando libros cubriendo todo el espectro, desde Descartes a Cortázar. La cama, siempre sin hacer. Las sillas son un muestrario de ropa interior femenina. Un viejo plato de tocadiscos y un osito de peluche, bautizado como Misha, ejerciendo de visir en aquel reino sobre una estufa de butano.

Misha es el único que comprende a Marta. O eso dice. Y no es fácil, porque Marta suele querer la chancha y los veinte. Venga, un ejemplo. Existe una mujer a la que Marta odia. Digamos que tiene una buena razón para ello. Marta entonces le explica a Julie que le gustaría retarla a un duelo, pero nada de femeninas intrigas ni arañazos. No, un duelo a sable o a pistola. Yolanda, como parte retada, tendría el derecho a elegir arma. Y Julie se ríe mucho. O, aún mejor, un duelo de canciones, como los esquimales, y Julie se ríe aún más. Se ríe, las mujeres son fáciles de querer, opina Marta, pero no la entiende nunca como la entendió Luis…

¿Por qué Luis ha dejado de ser Luis? ¿Por qué no se cambia el nombre la gente cuando deja de ser quien es? Y, aún más importante, ¿por qué no se aprueba una ley que te obligue a cambiar de ojos cuando dejas de ser quien eres? Era tan especial, con su entusiasmo, con todas sus ideas ingenuas sobre el mundo, que aplicaba cada día en su clase de la maneras más sorprendentes. Profesor puede ser cualquiera, pensaba Marta, pero maestro es un título que se gana poca gente. Y era tan tierno, suspirando siempre por una mujer que no le hacía el menor caso, contándole sus penas a Marta echado en esa misma cama. ¿No se supone que las mujeres tienen un sexto sentido para detectar las falsas frialdades? Pues éste, Marta, ni lo vio. Y ahora Luis tiene firmada una hipoteca con Yolanda, a treinta años, y sus ojos siguen siendo los más hermosos, aunque las chispas hayan desaparecido.

Luis ya no pulsa el timbre con acordes de Debussy, que fabricó Marta misma en la etapa en la que aprendió electrónica porque le obsesionaban los juguetes mecánicos y los autómatas del Renacimiento. Cuando Luis venía, Marta tendía a usar ropa que le quedaba demasiado grande, inconscientemente quizá, para inspirar ternura… No consigue odiarle, pero le parece que el mundo es muy injusto, así que ha decidido que se va.

¿Dónde podemos irnos, Misha? Sé idiomas, piensa. Pediré una beca para Rusia, para que veas a tus parientes. ¡Dasdivania, Madrid! Pero, ¿y si tenemos frío y miedo, Misha? Mejor nos vamos a Cuba, que allí hay ron y hace calorcito. Me dejo seducir por un mulato sabrosón, y a ti te dejo mirar, ¿te hace? Pero, ¿y si vuelven a empichar a un presidente americano y bombardean? Mejor deja lo del tercer mundo, que tú no naciste para misionera ni para heroína. A ti te gustaría ser una sabia. Suena raro lo de sabia, suena mejor sabio. Bueno, seré una sabio. Descubriré el secreto de los mitos griegos y  emostraré que los pitagóricos tenían razón, y explicaré el misterio de la risa y cuál es la sustancia que fuman los buenos contadores de cuentos.

La alternativa es encontrar un refugio solitario, un faro en las afueras de Vladivostok. Y pedir a Carmen y a Julie que no le den la dirección a Luis… a no ser que insista mucho. Carmen se preocupa por ella y, bueno, también su tato Hitch. Hitch viene de Hitchcock, y Hitchcock de Alfred, y Alfred de Alfredo, y es su tato pero no es su hermano, bueno, es complicado. Una cosa rara que inventaron en la facultad. Le gustaba el cine, a Hitch. Filmaron un corto, en aquellos despreocupados -a posteriori- días, días de cerveza y margaritas (el vino apenas lo probaban, y las rosas estaban carísimas). También les hizo fotos desnudas, a Julie y a ella, aunque jamás sintió nada extraño por posar delante de Hitch. Realmente era como su hermano. Y, en contra de algunas teorías totalmente faltas de plausibilidad, Hitch no es gay. No podría: sabe silbar.

Hitch es un cielo. A veces piensa Marta en acostarse con él o algo. Más bien o algo, porque le parecería feísimo acostarse con Hitch. Hitch no tiene chica ni nada, aunque ella sospecha que se acuesta con mujeres, en concreto con una mujer mayor, pero que no se lo dice a Julie, a Carmen o a ella por delicadeza, porque las tres son sus niñas. Otras veces piensa en formar un cuarteto. En meterse los cuatro a vivir juntos, en un piso más grande o en el mismo de ella si viene al caso. Pero con Carmen no se puede contar, su novio es un fascista sexual. Si no existe el término, lo  inventaremos para describirle.

Bueno, no nos despistemos del tema. Vladivostok. Allí podría crear su torre de marfil, y dedicar su tiempo a escribir historias, y a terminar su tesina. Su tesina constituye, en el presente momento, un cuerpo de seiscientas treinta y ocho páginas en apretada letra manuscrita en las que desarrolla su propia teoría sobre el humor. Se basa en el análisis de la siguiente sentencia: la risa es el orgasmo de la inteligencia. Marta no la acepta, sin más. O eso, o reconocemos que hay demasiados orgasmos tontos. Bueno, los orgasmos de los hombres muchas veces lo son. En el caso de las mujeres, es otra cosa…

Carmen siempre le pide que se la deje leer, pero Marta replica invariante que aún no está visible. Los folios yacen inermes en el fondo de un cajón. Carmen se ofrece a pasarlos a ordenador por ella. Escribe rápido y no le costaría nada si ella le dicta. Te quedas a vivir una semana en mi casa durante las vacaciones y lo hacemos. Pero a Marta no le gusta dejar su casa. Y le da rabia sentirse insegura. Mira que no ha dormido gente en su habitación (alguna bastante rara), pero a ella le da reparo dormir fuera, lejos de su osito. Y no preguntes por qué Misha no puede salir de la casa, eso nos llevaría a unos derroteros complicados. El caso es que le da rabia. Cree que gastó toda su fuerza de voluntad yéndose de la casa de sus padres y que por eso no le queda más. Tengo que juntar otros venticinco años de voluntad para hacer algo así, suele comentar.

Bueno, vale, contaremos lo del osito. Misha es el guardián de los murales. En ellos Marta expresa en un nítido lenguaje pictórico sus ideas respecto al mundo, la humanidad y todo. Pero, a causa de un extraño bucle espacio-temporal, su público objetivo, para el que el significado de sus obras saltaría a la vista y colmaría el alma con una sensación de unión con el universo, está unos quinientos años en el futuro. Así que, de momento, teniendo en cuenta que la esperanza de vida de la creadora no alcanzará tal cifra, Misha queda a cargo de salvaguardar las obras para la posteridad. En rigor, sí que hay alguien que afirma entender los murales. Es Hitch, pero en realidad ve en ellos lo que le da la puta gana, como hace siempre.

¿Que cuáles son las ideas expresadas en los murales? El tiempo cíclico, anudándolo todo, lo pequeño es como lo grande, la suma de las historias conformando la realidad… Siendo de clásicas, Marta aún siente la fascinación por la filosofía natural, de la misma manera que la ha ido perdiendo por las historias míticas, que apasionan a Carmen, a quien haber estudiado física dejó con cierta hambre de epopeya…

¿Por qué dejaste de ser Luis y de tener ideas y de hacerme humedecer las bragas? ¿Por qué ya no más esa ingenuidad tan mágica, las huelgas de hambre por el cerosiete, el teatro alternativo, leer a Schiller en la colchoneta de tu casa? Pero su vida no gira en torno a Luis. No, claro, porque su vida ahora está parada. Tiene planes, sí, tiene planes. Nada de hombres. Va a seguir un curso para hacerse lesbiana. Empezará por escribir poemas eróticos a Julie. Y Julie se ríe. Julie sería una buena novia para ella. Sabe hacer pasteles. Y yo sé arreglar un enchufe, somos la pareja perfecta.

Sigo estando viva y sigo teniendo trabajo, ¿no? Sigo teniendo amigos y ando bien de salud. Bueno, me duelen un poquito los ovarios, pero es parte de esa enfermedad crónica por la que no me mandan hacer la mili. ¿De qué me quejo? ¿Necesito un hombre? No. ¿Tanto echo de menos a Luis? Tampoco, en realidad, si no viene, mejor. Es que… echo de menos a quien era con él, al papel que jugaba a su lado. Chica, mira que soy complicada. A Carmen le gustaría esta nueva teoría. Le preguntaré si la puede meter en algún modelo matemático. A lo mejor existe mi ecuación. Me gustaría ver su aspecto. Las ecuaciones de los libros de Carmen siempre me han parecido atractivas. No suelo entender ni papa, aunque algunas veces ella las explica bien, pero las formas son elegantes. Le pregunté una vez si la forma externa de una ecuación tenía algo que ver con su contenido, y me dijo que en la mayoría de los casos no, pero que estaría muy bien que fuera así. También a ella le gusta el aspecto de algunos idiomas. Dice que el devanagari es bonito, pero quien hace buena caligrafía es Julie. En chino, es capaz de conseguir obtener el hueso, la carne, la sangre y el alma. Una vez escribimos con tinta de chocolate un poema de amor cantonés en el cuerpo de Carmen para una escenita de amor que tenía preparada con su novio. Lástima de grabación, dijo Hitch cuando lo supo.

A dormir hoy, Misha. Mañana mismo me hago bollera y me caso con Julie, ¿va?

Anuncios

Apenas él le amalaba el noema…

junio 13, 2008

by MeiMiao

Estamos pensando abrir un concurso sobre microrelatos eróticos… Sé que los/as incondicionales de estas páginas no confiáis ya en los premios que podamos ofrecer, y eso sin duda es un problema. De todas maneras, aquí va uno de los maestros:

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consistiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los
encrestoriaba, los extrayustaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar,
perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

No, no es castellano. Es glíglico, el lenguaje inventado de la Maga. Por supuesto, es de Cortázar, el capítulo 68 de Rayuela. Yvi está pensando en hacer un equivalente gráfico, i.e.: sin una sóla figura nítida, pero con un fuerte aroma a pasión erótica. Por cierto, entre los experimentos de Yvi (que sólo demuestran la falta de escrúpulos del experimentador), cuenta su lectura de este texto a no-hispanohablantes, por ver qué les parecía. No consiguió ningún tipo de respuesta. Conclusión: el glíglico, ni es castellano, ni lo deja de ser. BTW, hay una traducción al inglés… A Yvi le dejó frío.


Lover or wife?

junio 11, 2008

by MeiMiao

(Spanish version follows)

This story is classic, but nonetheless it’s interesting. A poet, a lawyer and a theoretical physicist meet in a bar, and discuss about the divine and the mundane… Then the topic arises regarding who can give a man higher happiness: a lover or a wife. The lawyer, always a man of order, advocates for the wife. Stability, tradition, a home, children… that is what can make a man truly happy. The poet raises his hands to heaven… impossible! A lover, meeting in secret places, writing poems to her beauty, feeling your blood and your life expanding… that’s true happiness. Then they both look at the physicist, as if waiting for a referee report, and he says “Both”. “Both???”, they ask. “Yes, both. This way, your wife will think that you’re with your lover, and your lover will think that you’re with your wife, while you’re at your lab doing physics, which is what you really enjoy!”

Esta historia es clásica, pero aun así interesante. Un poeta, un abogado y un físico teórico se encuentran en un bar y discuten de lo divino y lo humano… Entonces aparece el tema de quién puede dar a un hombre la mayor felicidad: una amante o una esposa. El abogado, siempre un hombre de orden, apoya la moción de la esposa. Estabilidad, tradición, un hogar, hijos… eso es lo que puede hacer a un hombre verdaderamente feliz. El poeta eleva sus manos al cielo… ¡Impensable! Una amante, encontrarla en lugares secretos, alabar en poemas su belleza, sentir tu sangre y tu vida expandiéndose… Eso es la verdadera felicidad. Entonces ambos miran al físico como esperando su arbitraje, y él dice “Ambas”. “¿¿¿Ambas???”, preguntan. “Sí, ambas. Así tu esposa pensará que estás con tu amante, y tu amante pensará que estás con tu esposa, y mientras tanto puedes estar en tu despacho haciendo física que es lo que te gusta de verdad.”


El ojo de Woden

mayo 19, 2008

by RuiXi

(English version follows)

En la mitología nórdica se cuenta que el mundo estaba dividido en la zona de orden, donde los dioses gobernaban, y la zona de caos. Cada año, Thor luchaba una batalla en la frontera, y cada año la zona de caos avanzaba un poquito. Woden, el dios de la sabiduría, en un arrebato de desesperación, buscó al rey de los trolls y le exigió que le dijera cómo combatir el avance del caos.

– Dame tu ojo derecho y te lo diré – dijo el rey de los trolls.

Woden, tras mucho dudar, accedió a su petición. Entonces, el rey de los trolls dijo

– Mira con los dos ojos.

¿Es esto así siempre? Aprender cualquier cosa sobre la vida te exige, como pago, desprenderte de las herramientas con las que podrías haberlo aplicado…

(gracias a bendei, quien me lo contó hace muuuchos años)

In Norse mythology it is told that the world was divided into a zone of order, where the gods held sway, and a zone of chaos. Every year, Thor went to the boundary to battle, and every year chaos advanced a little bit.
Woden, the god of wisdom, dispaired, searched the king of the trolls and demanded him how to stop the advancement of chaos.

– Give me your right eye, and I will tell you – answered the king of the trolls.

After some hesitation, Woden gave him his eye, and the troll said:

– Watch with both eyes.

Is this always true? Learning anything about life demands you, as a payment, to renounce to the tools you might have needed to put it to practice…

(thanks to bendei, who told this to me loooong back)


Guía de Personajes Ilustres Justamente Olvidados

mayo 8, 2008

by MeiMiao

Yvi está escribiendo una guía a las biografías de aquellos individuos imaginarios a los que la historia ha dejado en el olvido por alguna buena razón, también conocidos como personajes ilustres justamente olvidados (PIJO). Comenzamos la exposición con…

Robert Champignon, conde de Jussieu

De todos es conocida la fascinación que la Sublime Puerta ejerció sobre los intelectuales franceses en el siglo XVIII. Robert Champignon, quinto conde de Jussieu, viajó a Estambul como parte de la legación diplomática enviada por Luis XVI, y en sus viajes llegó hasta Persia, donde trabó contacto con los dirigentes safávidas.

Desconocemos qué trabajos llevó a cabo el conde en las ciudades orientales, pero a su vuelta a París pudo deslumbrar a la haute societé en público con sus telas preciosas, animales exóticos y fuegos de artificio. En privado, la fascinación que ejerció fue aún mayor.

Tras una intensa sesión amatoria con la duquesa de Genou, el conde vino a notar que de su miembro había salido un líquido más fluido de lo habitual, de un color rojo brillante. Asustado ante lo que creía
podía ser su retirada del mundo del erotismo, quizás de la vida, dio en oler el líquido, para llegar a la conclusión de que se trataba de un Borgoña de buena cosecha. Los conocimientos enológicos del conde
eran aún rudimentarios, de manera que no pudo establecer el año de la misma.

Intrigado, al día siguiente acometió el experimento en la soledad de su cámara, manteniendo en su recuerdo a la duquesa. El resultado fue interestante: no fue Borgoña lo que obtuvo, sino el fluido normal en
tales contingencias, pero tenía un cierto matiz en el color y en el aroma que recordaban a aquel vino.

La noche siguiente fue recibido en sus aposentos por la marquesa de Roccasecca, la cual también sucumbió a sus encantos. El placer que obtuvo fue notable, y tras el mismo observó con estupor cómo un
líquido sobremanera denso era lo que salía de su miembro viril. Un rápido examen de su color y su aroma le identificaron como limoncello. Esta vez su pareja, en lugar de aterrorizarse, rió con ganas y le instó a una segunda emisión. El conde, menos preocupado que la primera vez, quizás más intrigado, consintió en llevar a cabo el experimento. La condesa pudo dar fe, una vez concluido el mismo, que era limoncello de la mejor calidad, como sólo recordaba haberlo probado de joven, cuando los tiempos eran mejores…

Con la baronesa del Trebejo fue un delicioso brandy, y con la princesa imperial Ninotchka, un vodka a la miel digno del mismísimo Pedro el Grande. Pero el conde no sólo seducía a mujeres de alta sociedad. La
doncella [sic] de la marquesa de Roccasecca obtuvo una grappa de alta graduación, mientras que una rubicunda bávara que tomó a su servicio (en principio para otros menesteres) extrajo una maravillosa cerveza de trigo.

Todas estas hazañas y portentos nos llegaron en virtud a unas memorias detalladas que escribió el mismo conde de Jussieu, que desgraciadamente se han perdido. De hecho, ha sido el autor de estas líneas el que las perdió, esta misma mañana cuando volvía a casa en el metro. Se ruega a quien las encuentre, las envíe a la dirección suprascripta.

La historia del aristócrata francés tiene un horrible final. Los visitantes del Musée des Choses Étranges de Soissons pueden observar con estupor una guillotina cuya abertura para el cuello no medirá más de tres pulgadas. Los guías, normalmente tan desinformados, explican al visitante que Marat, en su delirio, consideró que los ratones del Château de Beausouris eran contrarrevolucionarios y los mandó ejecutar. La verdad es mucho más dolorosa. Fue Marat, en efecto, quien mandó construir la pequeña guillotina, pero fue para extirpar limpiamente el miembro viril de nuestro conde, que se mantuvo en un cubo durante años, hasta que Napoleón lo vio en una visita rutinaria y, enterado de la historia, lo envió a París a la École Polytechnique para que fuera analizado. La respuesta de los científicos fue clara: “Sire, se ha podrido”.