Las aventuras de los triestes cronopios

No, no se cierra el apartado de las patáforas. Aún no se han otorgado los premios. Habrá una ceremonia de gala, ellas de traje de noche y ellos con elegante smoking, champagne, cotilleos y la prensa internacional en pleno. Pero estos días, chicas y chicos, son raros. Ha comenzado el invierno, para mí con unas semanas de retraso. Feliz solsticio de invierno, Yvi.

La vida sigue, aunque a veces se mire hacia atrás. La exploración de la patáfora como género literario independiente me ha hecho pensar en otros géneros exóticos, como la cronopiada. No puedo explicar en términos simples qué es un cronopio, pero os voy a cascar el texto, escrito hace años por un servidor cuando vivía en el exilio, donde describía una aventura muy cronópica, narrada de esa forma. Hoy no hay concurso, no estoy de humor. Pero lo estaré, y os esperan algunas sorpresas tremendas…

Así trabajan los profesionales

Un reportaje para Triestes Cronopios de su enviado especial en Istria

Corría el día 14 de octubre de 2005. Y cuando digo corría no quiero decir sólo que pasaba. Digamos que había abandonado la velocidad usual a la que van los días, que como todo el mundo sabe es de un segundo por segundo, y llegó hasta a romper la barrera del sonido temporal. Bueno, estoy divagando, y eso no es que sea poco cronopio, que lo es mucho, es que me gustaría contar lo que ocurrió.

Digamos, entonces, que ese día yo, exiliao de la política, tras un mes y medio de encierro en mi torre de marfil científica y de reconcomerme en mi soledad, al fin volvía a Madrid por una semanita. En honor a la verdad, debo decir que mi reclusión era de cuando en cuando atenuada por francachelas apoteósicas, como la que terminó a las tres de la mañana parándonos la policía en un coche en el que conducía una eslovena, e íbamos de paquete un americano (que no lo parece), una española que se siente tal, un catalán que se siente tal y un desubicao que, sin dejar de serlo, es un servidor de ustedes.

Así que había pasado la semana anterior en un estado de perenne sonrisa alelada, como la de quien ya contempla el paraíso a través de los míticos barrotes de San Pedro, no sé cómo mis compañeros no me metieron de hostias, de puro buenos parecen tontos. Debería explicar que al estado de arrobamiento de mi rostro se añadía una mayor afluencia de sangre a determinados puntos de mi organismo en los que desconfiaba que volviera a haberla, pero casi mejor no lo hago, que esto igual lo leen niños.

Bueno, es el caso mi avión salía a las 18:35 de la tarde, del aeropuerto de la vecina ciudad de Venecia. Me desperté sin prisa, no hay problema, tengo todo el tiempo del mundo. Sólo tenía que hacer la mochila, pero… ¿para qué acelerarse? ¡Tengo toda la mañana para mí! Así que me preparé mentalmente, que es lo más importante antes de realizar un viaje iniciático (o aunque sea continuático, como era más bien éste, que no creo que me falte nada a lo que iniciarme en Madrid).

¿Qué mejor que la escritura, para calmar mis nervios y hacer volver la paz interior a mi mente, que parecía una pista de circo plagada de payasos histéricos, perritos con globos de colores atados a la cola corriendo despavoridos y leones persiguiendo a lindas domadoras con falditas cortas…? Así que me senté a este mismo teclado que ahora acarician mis dedos y me puse a continuar un cuento que había comenzado la noche anterior.

Pero el tiempo es el bufón de la… ¿cómo era? Joder, siempre se me olvidan estas citas cuando más las necesito… Bueno, como sea. El caso es que se me fue la olla y, cuando levanté la mirada eran como las doce y pico. Ahora es cuando viene, oh querida lectora, oh estimado lector, la breve lección de matemáticas y geografía, impartida por nuestro entrañable Willy Fogg.

Veamos. La distancia que separa Venecia de Trieste es de unos 150 km. No es mucho, pero el tren de la Ferrovia dello Stato tarda en hacer el recorrido, en condiciones normales (como queda dicho, a cero grados y una atmósfera) en torno a las dos horas y tres minutos. O al revés… No, así. Bueno. Otro dato interesante: los trenes de Trieste para Venecia salen siempre a la hora y cuarenta y siete minutos. Uno se pregunta por qué exactamente a esa hora, y no a y cuarenta y cinco, número más redondo y de más fácil memorización. Todos los empleados de los ferrocarriles italianos se han hecho la pregunta alguna vez en la vida, y la mayoría se encogió tanto de hombros que aún hoy les queda algo de chepa.

Falta un ingrediente más del cóctel mortal: el hecho de que un tren italiano llegue a su hora es, por ley, celebrado con un acto al que suele asistir el presidente de la república en persona. Cuando está en viaje protocolario, lógicamente no puede hacerlo, y entonces le sustituye el Papa, por aquello de que no decaiga la fiesta.

He aquí cómo cavila un cronopio bajo presión. Bueno… Ehm… Si yo… Citando a Extremoduro: razonar es siempre tan difícil para mí… qué más da, si al final todo me sale siempre bien… del revés. Resumiendo: si cogía el tren de las dos llegaba sin problemas, porque dos horas de tren me plantaba a las cuatro en Venecia, media hora más para llegar al aeropuerto, son las cuatro y media, me quedan dos horitas guapas.

So far, so good. Veamos, cabo Martínez, ¿dónde falla el razonamiento del cronopio? Señor, sí, señor, en la academia siempre nos dijeron que los razonamientos de los cronopios… ¡Pero no está usted en la academia, cabo Martínez! ¡Dígame de inmediato dónde cojones está el fallo del razonamiento! Como si los cabos fueran más listos que los cronopios, ¡ya ves tú!

El fallo, damas y caballeros, está en que el cronopio en cuestión (i.e.: yo) contaba con tomar el tren de las dos, ente inexistente. O el de las 13:47, o el de las 14:47. Total, que nos dieron las diez y las once y las doce y la una… ¡la una! ¡joder, y aún no tengo terminada la mochila! La preparo a súpervelocidad, con riesgo obvio de dejarme el pasaporte o algo… afortunadamente los billetes son electrónicos. Cuando estoy a punto de irme veo que los cacharros están sin fregar. ¡Mierda! Rápido, rápido. Luego casi me voy dejando la basura. Venga, venga. Uff, al fin en la calle, no estoy seguro de tenerlo todo, pero ya voy para allá. El fallo está cometido, al tren que llego, si es que llego, es al de las 14:47, y ya estoy acojonado.

Corre que te corre, una sola máquina expendedora de billetes en funcionamiento, otra jodida y una tercera siendo reparada. Cola kilométrica, por el olor a adrenalina quizás sean los que aspiran a ser mis compañeros de viaje en el tren de las 14:47. Joder. Como lo pierda ya no llego… Y justo cuando le toca a la chica de delante de mí, resulta que… ¡no coge tarjetas! ¡Y yo sin suelto! Corriendo yo, y la mayoría de la gente de la cola, a las taquillas, ya de por sí saturadas. El tiempo corre que se las pela, ya va a tres segundos por segundo, lo menos. Me dan mi billete, me equivoco al teclear el pin en el chirimbolillo que te da la taquillera. Y salgo disparao, me equivoco de pasillo, que la estación está en obras como para irme aclimatando a volver a casa… Pero al final tomo el tren sin tener que correr tras él.

Aún no termino de tranquilizarme, que estas cosas las carga el diablo… pero al menos estoy sentado y el tren se mueve. Casi me sé las paradas de memoria, de tantas veces que he hecho ya el puto recorrido… (y lo que te rondaré, morena). Pues en San Stino di Livenza, pueblecito perdido en medio de la nada, va el tren y se para. Diez minutos, quince… “Il treno ha quindici minuti di ritardo”, No, si ya… los cojones me fueron hacendo el recorrido inverso del tubo digestivo, hasta llegar a la faringe que es donde
debería haberlos puesto Dios para evitarles tanto trasiego…

Con veinte minutos de retraso llegamos a Mestre (i.e.: Venecia Mestre, la ciudad fea y real, no la las pelis de Visconti), me lanzo del tren antes de que abran. Veinte minutos no es demasiado, eran las 17:15, aún tengo tiempo. Salgo de la estación y siguiente problema: hay dos autobuses para llegar al aeropuerto. Uno es rápido, pero pasa cada media hora. El otro es leeeeento, autobús de línea normal con doscientas treinta y siete paradas, pero pasa cada menos tiempo. ¿Qué hacer?, citando la clásica obra de Lenin. En el mejor de los mundos posibles podría haber ido a una parada, luego a la otra, comparar los
tiempos de llegada y hacer un par de sudokus por el camino… pero en este mundo, que fue creado por un diosecillo subalterno como trabajo final de un curso que, obviamente, tuvo que repetir, no tenía tanto tiempo. Así que utilicé mis tremendos conocimientos de teoría de las probabilidades: pito, pito, gorgorito… Y me quedé como un pasmarote en la parada del autobús de línea.

A mi lado se sentó un papanatas con un genital de rosácea en una mano. ¿Será imbécil, llevar una rosa en el autobús para recoger –me figuro– a una muchacha al aeropuerto? ¿Vais a volver montados en la rosa, con todas las maletas, idiota? ¡Llévala un carrito, joder! Bueno, así descarrilaba el tren de mi pensamiento mientras recorría las calles de Mestre. Me figuraba que tanto rodeo y tanta leche se debían a que nuestra trayectoria, vista desde el aire, dibujaba algo de tremenda belleza que estaba vedado a los ojos humanos. Pero al fin llegamos.

Uff… estaba a tiempo, eran las 18:00, casi la hora del embarque. Prometiéndome a mí mismo que nunca mais, como hacen los
cronopios en estos casos, permití a mi cerebro descansar y dejé que los pies me llevaran a mi asiento. Retomo la lectura, too happy, y al cabo de un buen rato me doy cuenta de que llevo leyendo un buen rato y que ninguna azafata plasta nos ha explicado el uso de la cosa ésa que se infla. El avión… ¡seguía en tierra! Bueno, no pasa nada. Tengo que hacer transbordo en Milán, pero no pasa nada porque es con la misma compañía.

Al cabo de un rato, un tipo que hablaba italiano con un acento como si tuviera la boca llena de gambas sin pelar le pregunta a la azafata si podrá tomar el transbordo para Marsella (¡ya me sonaba a mí el acento!) Yo esperaba un rotundo, “si, signore, favore di ritornare a la poltrona” (es gracioso, eso de llamar a cualquier asiento “poltrona” que tienen los italianos, o lo de llamar a todos los edificios “palazzo”, en la misma línea podría ser que persona se dijera “marqués”, pero parece que no). Pero no… ¡quiá! Lo que dijo fue: “Bueno, pues tendremos que avisar al aeropuerto de Milán”. ¡¡Para qué quieres más!! Todos lo habían oído, no sólo yo, así que se levanta medio avión diciendo: ¡Yo voy a Catania! ¡Yo a Roma! ¡Yo a Vladivostok! Parece que en Milán no hay nada interesante… Yo debería haberme levantado y gritado también un rato… pero me abstuve… ya, pa qué.

Total, que el vuelo salió con media hora de retraso, carrerita en el aeropuerto de Milano Malpensa y llego a la cola de embarque para elvuelo de… ¡Madrid! ¿Quién me iba a decir que me iba a salir a mí –precisamente a mí– la vena patriotera y fandanguítica? Escuchar tanta gente parlare spagnolo me pareció tiernísimo… No os preocupéis, se me pasó dentro del avión.

Mi cerebro parecía ya a estas alturas un bombo de lavadora lleno hasta los bordes de maracas. Opté por guardar la literatura seria (Neal Stephenson, no se vayan a pensar) y sacar… un cómic de Ralph König. La mayoría de vosotras/os sabéis quién es. Para quien no: digamos que las historias de König, si bien en formato cómic, son a Chueca lo que las historias de Billy Wilder son a Nueva York. Con la diferencia de que el sexo explícito no es ningún problema. Veo a mi vecino de asiento que tiene los ojos más puestos en mi tebeo que en lo que debiera (ahora que lo pienso, ¿dónde debía tener puestos sus ojos?) Y me fijé con satisfacción cuando se levantó al baño. Sobre todo porque pude estirar las piernas en su dirección.

Noté que mi vecino tardaba mucho tiempo en volver cuando me di cuenta de que mis piernas ya no estaban dormidas y, al mirar a mi derecha, vi una cola de unas siete u ocho personas esperando para entrar al baño… Volver, terminó por volver, con el rostro como liberado de una gran presión.

Y si pensáis que ya está… ¡pero falta la última! Yo no he tenido móvil en mi puta vida, hasta llegar a Trieste. En el fondo, soy un muñeco en manos de las mujeres… es algo que tengo asumido desde chiquitito. Citando al Corto Maltés, no se puede caer en sus brazos sin caer en sus manos… Bueno, vuelvo a divagar. Digamos que no soy muy ducho en su funcionamiento, y a veces, como el Anillo Único, parece tener vida propia. Comienza el aterrizaje, bajan las luces, nos advierten que cualquier aparato electrónico encendido conllevará una gran maldición para ti y para todos tus hijos hasta la séptima generación. Por suerte, no tengo intención de reproducirme. Primero me tembló la pierna. Joer, que sensación más rara y más curiosa, pensé, quizás sea un problema de circulación, pero no deja de parecerme agradable. Y eso me preocupa. Entonces el móvil comenzó a relinchar, cambiándome la preocupación de sitio. La azafata me miraba con cara de odio. Por lo visto, para ellos es como salir al escenario vestido de amarillo. ¡Era un mensaje, señores! Y, ¿de quién diríais? ¿De la Chivi, mi compañera de fatigas de tantos años, de quien sigo perdidamente enamorado tras nueve años de darnos la plasta? ¿De Angioletta, mi salerosa casera que me lleva de pingo por Trieste? ¿De Raquelita, mi pequeña cronopia locuela? ¿De mi querida Tata, allá en Barna? ¿Pushpa o Garold, quizás? ¡Quiá! ¡De AMENA! ¡¡”Welcome to Spain!” me decían, los muy hijos de puta!!

Bueno… Ahí acabaron las desdichas. Las dichas vinieron después, aunque la mayoría son demasiado privadas para ser expuestas aquí. La Chivi y Paco me esperaban en Barajas. Pensamos pasar por el Agujero a tomar una única cervecita, y de paso saludar a Rqld… ¡hasta las cinco la mañana, como era de prever! Bueno, pero eso era lo que esperaba. Parafraseando a Fleishman, Madrid is a state of mind! Y especialmente cronopio, a fe mía…

* * * * *

La lectura de algunas frases de ese texto ha sido muy triste… pero eso no empañó las risas… Aún están las aventuras ahí colgadas, en una página abandonada…

23 respuestas a Las aventuras de los triestes cronopios

  1. LaChivi dice:

    (por alusiones)

    la página ciertamente esta abandonada. cambio ya hace tiempo a favor de http://moria.uc3m.es/cronopios/ que tampoco se puede decir que tenga mucho mas, pero por lo menos se como cambiar cosas😉

    por suerte en esta ocasión no estaba sola en la aburrida terminal ¿que terminal era? creo que la 1…

    el resto de lo que paso… se deja a la imaginación.

    NOTA: la estación de trst ya esta reformada y creo recordar que los trenes el año pasado salian a *:17… ¿que tienen con el 7? yo no lo se… y niguno de mis amigos lo sabe.

  2. LaChivi dice:

    Y felicidades por el invierno.

  3. webjinni dice:

    No sé si felicidades es el término apropiado, pero gracias.

  4. LaChivi dice:

    Pues avisa cuando sepas el término apropiado :-p

  5. webjinni dice:

    Lo haré. Aceptaré las felicitaciones el día del equinoccio. Hasta entonces, mejor dejarlo en un “espero que sea para bien”.

  6. Erynus dice:

    Como la mayoria de tus escritor en la web, ya lo lei en su dia. Y dado que Rayuela me marcó mucho, odio a cortazar y todo lo que de él derive. No es nada personal, solo que no me dare la ocasion de leerlo. Probe con Pratchett y no me termino de convencer. No es mi estilo.
    En cuanto a las felicidades, no dejes que la nieve empañe lo bueno.

    Cuentan de un sabio que un día
    tan pobre y mísero estaba,
    que sólo se sustentaba
    de unas hierbas que cogía.
    ¿Habrá otro, entre sí decía,
    más pobre y triste que yo?;
    y cuando el rostro volvió
    halló la respuesta, viendo
    que otro sabio iba cogiendo
    las hierbas que él arrojó.

  7. webjinni dice:

    Entiendo los bloqueos afectivos, Erynus, pero dejar pasar a Cortázar, en tu caso es un grave pecado. Pista: no tiene nada pero nada que ver con Terry Pratchett.

    En cuanto al poema, no creo ser el más mísero de la tierra, la competencia es ardua y sé que no tengo nivel! Hasta pa’ eso soy mediocre!😛

  8. Erynus dice:

    “No soy del todo inutil, al menos sirvo de mal ejemplo”:P

    Cuando haya superado el rechazo a Wayne Knight (Dennis Nedry) empezare a plantearme dejar de rechazar a Cortazar. Ademas, solo se peca ante Dios y la verdad es que yo de eso no gasto.

    • webjinni dice:

      Para el resto de navegantes que por estas costas naufragan… Erynus se refiere al periodo de nuestra vida que compartimos en el IES Rayuela. Erynus: elegí ese instituto, y no otro, por su nombre. Adivina quién, que estaba a mi lado, se emocionó y no me permitió elegir otros que me pillaban, en realidad, más cerca de casa…

  9. Erynus dice:

    I remember, i remember, amarillo en inglés.
    Y a ver si se nota mas afluencia de naufragos, que va a parecer que soy un vago qu eme paso el dia aqui dando por saco.😛

  10. Alice dice:

    Me he divertido mucho leyendo tu relato, Yvi. Propio de un verdadero cronopio. Pero luego me he sentido triste con tus comentarios… Un abrazo.

  11. webjinni dice:

    No hay sentimiento tan tonto ni tan penentrante como la nostalgia, Alice. No lo recomiendo. Va de vuelta el abrazo, y muchos más.

  12. Madam Beus dice:

    Leído! Me he reido y también te he tildado de guarro un par de veces.
    No sé si me he perdido algo pero.. (quizá hasta antes del último párrafo) no pillo sentimientos tristones. ¡No me seas..!
    Besucos.

  13. Alice dice:

    Yvi, la nostalgia no es tonta, a menudo es inevitable e inesperada. Pero eso sí, te cala hasta los huesos.
    Madam Beus, a veces hay que leer entre líneas…

  14. Alice dice:

    Para todos: aunque Yvi no esté de humor para concursos de cronopios, yo os propongo que lo hagamos; hala, a contar experiencias cronópicas, seguro que todos tenemos unas cuantas (me parece más fácil que las patáforas, la verdad, jejeje).

  15. Madam Beus dice:

    [quote]Madam Beus, a veces hay que leer entre líneas…[/quote]
    baaahhh

    [quote]a contar experiencias cronópicas[/quote]
    Se me había ocurrido, la verdad, pero lo haría si supiera qué es =( Quizá tenga una pequeñiiita idea, pero es que Yvi no se explica.. Por hablar, Alice, te toca empezar, a ver si le pillo el truco. Y a ver si nuestro Yvi se anima.

  16. webjinni dice:

    Mme Beus: yo no diría guarro… picaruelo, seguro!😉 De los sentimientos tristones y nostálgicos, prefiero no hablar más.

    Alice: una idea estupenda la del concurso de cronopiadas. Espero vuestras contribuciones…

    A todas y todos: siento estar un poco deslocalizado estos días. Pasará pronto, promised. Fecha tope: el lunes tengo un encuentro con el destino donde se dirimirá la amplitud y profundidad de mi conocimiento teórico de las convenciones sociales establecidas referidas al trasiego de vehículos por las sendas de aquesta región…

  17. Erynus dice:

    Y recuerda, no estas demasiado evolucionado. Si lo estuvieras tendrias alas.
    Suerte.

    P.D. En caso de duda es la B.

  18. Superwoman dice:

    Que recuerdos, Erynus, ese poemilla me lo contaba mi Supermadre… era tan chiquitita como lo es ahora Supergirl… Joer, que vieja soy ya😉

    De los episodios cronopios tambien me acuerdo, lo que me reia con ellos.

    Un supersaludo

  19. webjinni dice:

    Espero tener pronto nuevos episodios cronópicos que contar… no vamos a vivir siempre de las rentas, ¿no?😉

  20. Alice dice:

    Ahí va:

    http://aliceyhum.blogspot.com/2009/01/historia-cronpica.html

    Me salió de un tirón y juro que es totalmente verídico…

  21. Erynus dice:

    los videos de mis viajes son totalmente cronopicos, igual algun dia dejo que ojos mortales los contemplen… no se.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: